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viernes, 4 de noviembre de 2011

-Jao, yo Nube Blanca. -Jao, yo Pies Mojados

Hacía tiempo que no me quedaba sola en casa un viernes por la noche.

La tele para mi sola.
El sofá para mí sola.
La pizza (¡y los panes de ajo!) para mí sola.

La caja de kleenex para mí sola.
El barreño con agua caliente para mí sola.

 

Definitivamente, las botas que llevaba hoy no son buenas para los días de lluvia.

viernes, 28 de octubre de 2011

¡¡¡Fuera de mi bonsaaaaai!!!

Mi relación con los bichos es la siguiente: sé que existen, acepto su existencia porque sé que son imprescindibles para el buen funcionamiento de los ecosistemas, pero NO ME GUSTAN. Me gusta verlos en la tele, en los documentales; son asquerosos, por eso molan tanto. Molan en la tele, no en mi casa.

El tema es que hace ya unas semanas que algunas hojas de mi querido bonsai carmona (es gitano) tenían una sustancia pegajosa. Yo pensaba que era normal (¡no sé nada de bonsais!), pero con los días he ido viendo cómo esa sustancia cada vez era más abundante. Así que como google lo sabe todo, pongo en el buscador: "bonsai carmona hojas pegajosas". Me meto en un foro de jardinería y bingo, había una respuesta que decía: "Algunas plagas como los pulgones y demás producen una sustancia pegajosa llamada melaza. Mira a ver si tienes bichejos por ahí.". ¿¿Bichejoooos??


Pillo el bonsai y la linterna (en plan voy-a-estudiarlo-con-detenimiento) y veo esto:

¿¿Qué se supone que son esos puntitos?? Otra vez al google.

"La cochinilla de escudo es un parásito que, cuando está plenamente desarrollado, tiene el cuerpo cubierto de un caparazón de color marrón oscuro. La mejor forma de apreciar su presencia es a través de la vista, por lo que deberemos observar la parte posterior de las hojas a menudo para comprobar si ha hecho acto de presencia el insecto."


Efectivamente, los puntitos estos raros estaban en el reverso de varias hojas del bonsai. Perfecto, genial, mi bonsai tiene cochinilla. Malditas hijas de puta, qué nombre más feo.


Me tuve que ir a la floristería (suerte que tenía una cerca, sino no sé qué habría sido de mi vida) a preguntar qué narices hacía con la porquería esta. Me dieron un botecito con un dosificador. Era un insecticida que debía disolver en agua y después pulverizarlo sobre el bonsai. No hace falta decir que disfruté como una energúmena haciéndolo mientras miraba a esas cerdas cochinas y les decía de todo.


 

Ahora cada día voy. Y las miro. Las miro mientras pienso: zorras, ese escudo no logrará salvaros. He dicho que no me gustan los bichos.

viernes, 7 de octubre de 2011

Nubes

En mi pequeño mundo (el que no va más allá de mí misma) los naipes me hacen de punto de libro.
Mi bonsai crece de forma indómita. Tiene las hojas demasiado grandes para ser un bonsai, pero a mí me parece más bonito así.

En mis días nublados suena la bossa nova, y me pongo el camisón del revés. Lavo los platos antes de tomarme el café, y al café le pongo azúcar de más.

Desde mi pequeño mundo imagino paisajes inhóspitos, con carreteras de arena interminables, coches clásicos y fotografías en blanco y negro.


¿Hoy es un viernes diferente o me lo parece a mí?

sábado, 17 de septiembre de 2011

Mi sábado por la tarde

Hoy he dedicado la tarde a hacer jardinería.

Hace tiempo me compré dos potus para casa, pero uno de ellos se me cayó por la ventana y se estrelló contra la terraza de la vecina del bajo. La planta aguantó el accidente y no murió (¡estas plantas no mueren nunca!), pero tras el trasplante no acabó de agarrar bien.

He decidido traérmela a casa de Ratman, donde tiene unas macetas en el balcón de esas de obra, y plantarla aquí, a ver si los nuevos aires le van bien.

Este ha sido el resultado:


A ver qué pasa.
De paso también diré que tenemos una albahaca en proceso (bueno, dos albahacas, pero la otra no acaba de crecer). Así está tras cuatro semanas desde la germinación (la otra es ésa pachucha que se ve al fondo):




Qué ganas de comerme un plato de pasta con tomate maduro rallado y hojas de albahaca frescas. Ah, y aceite de oliva.
No he podido resistirme a plantar un par de semillas más, a ver si agarran.





Como bonus track aquí os dejo con una foto de los que me han hecho compañía durante la tarde: el Chicho (izquierda, negro, tres años de edad -creo-, y rompebolas por excelencia) y la Tuni (derecha, pureta de... no sé, diez años o así; malhumorada, está en tratamiento por estrés -tócate los cojones, con la gata-):













martes, 6 de septiembre de 2011

Nunca digas nunca


Cuando ves que, todo y tu situación precaria general, sobrevives (algo que no acabas de entender del todo).
Cuando por fin asumes que dentro de lo malo tu vida podría ser peor.
En definitiva, cuando tras meses de caos interno y externo logras poner un mínimo (muy mínimo) de orden en tu día a día...
...tu hermana, ésa que comparte piso contigo actualmente, decide en este momento de su vida (y de la tuya) que ha llegado la hora de independizarse.

Nunca digas "nunca volveré a compartir piso con un desconocido".





¿Alguien me quiere alquilar una habitación?

viernes, 1 de julio de 2011

Cita sin cafeína

'Basta que te vayas de vacaciones o sea tu cumpleaños para que te venga, La Regla es una señora que tiene poderes sobre las cosas, y es muy hija de puta. Dios no existe, pero La Regla sí.'





domingo, 10 de abril de 2011

Hoy va de fotos

Desde que empecé a trabajar, he dejado bastante aparcada a Olyvia (mi pequeña pero increíble Olympus), así que este fin de semana he decidido sacar unas cuantas fotos para compensar este abandono repentino que ha sufrido tras cuatro meses de uso más bien frecuente.


Ayer por la tarde necesitaba comprar un regalo de cumpleaños, y decidimos ir al centro comercial Las Arenas, recientemente inaugurado. Tengo que decir que no soy para nada aficionada a pasar el rato en los centros comerciales, me parecen aburridos, fríos y vulgares. Éste en concreto tiene una particularidad: está situado en una plaza de toros. La plaza de toros de Las Arenas, junto a la Plaza España, llevaba años, décadas abandonada. Una auténtica pena, porque aunque no soy nada aficionada al mundo taurino, las plazas de toros me parecen hermosas. Siempre soñé con que la habilitaran como centro cultural, imaginaos: una gran biblioteca, una filmoteca, una zona ajardinada, un escenario para actuaciones... una plaza de toros daba para mucho. Finalmente ha sido un centro comercial, de lo más exclusivo, además, casi todo es de firma. Y la plaza de toros ha quedado muy afeada. Para mi gusto, desatroso.

En cualquier caso, fuimos porque nos hacía gracia subir a la parte superior, donde todo el perímetro de la última planta es un gran mirador. No es que tenga unas vistas demasiado espectaculares, pero daba para sacar alguna foto de la ciudad.


Izquierda: Plaça Espanya, Avinguda Maria Cristina con el Museu Nacional d'Art de Catalunya al fondo, y rozando el cielo azul, el pirulín (nadie lo llama Torre Telefónica) del Palau Sant Jordi.
Derecha: el Parc Joan Miró (Dona i Ocell incluidos), y al fondo, la montaña del Tibidabo.


Junto a la plaza de toros (a la izquierda de la foto, el edificio de la B) hay un hotel en cuyo terrado tienen una terraza con una piscina impresionante. Desde el mirador del centro comercial se ve todo, voyerismo puro. Los del hotel no deben estar muy contentos.
Al fooondo, las torres Mapfre (nuestras torres gemelas)




Cambiando de tema, por fin he terminado el curso de restauración de muebles, estoy en espera de mi modesto diploma. Aquí os dejo las fotos de mis pacientes (pacientísimos):


La butaquita no ha quedado del todo bien (el apaño del brazo no ha quedado bien teñido, así que le he puesto un foulard que lo tapa. Es lo que hay)


En las fotos no se aprecia lo suficiente, pero el perchero ha quedado precioso.
Estoy de lo más orgullosa.



Y la mesa de coser de mi abuela... ha revivido. Había perdido el brillo, y ahora está la mar de reluciente (la goma laca aplicada a muñequilla hace maravillas). Mi abuela me ha dicho que me la dejará en herencia, y además me dio 20 euros por la faena realizada :)



Y, para finalizar, hacer una breve referencia a la primavera (que este año se me ha pasado hacer post primaveral). No voy a extenderme diciendo lo alteradas que andan las hormonas (sobretodo las masculinas) desde que hemos dejado el abrigo para ponernos la chaquetilla de entretiempo; pero sí voy a decir que es la mar de divertido ver y oír las reacciones de los hombres cuando pasa una mujer en tirantes o falda. ¡Cómo se echaba de menos!

Pero también estoy muy contenta porque resulta que ya no mato plantas.
Hace unos meses, decidí comprarme un par de potus para darle vidilla al hogar (hacía años que no tenía plantas en casa porque se me morían todas, incluso los potus, que son todoterreno). Además, por Navidad, mi padre nos regaló una poinsetia de esas (la planta de Navidad de toda la vida) y en Nochebuena, para más inri, me cayó un bonsai (¡yo! ¡un bonsai! ¿Estamos locos o qué?).

Pues para mi sorpresa, los potus están larguísimos (¡qué rápido crecen cuando se los riega!), la poinsetia no se me ha muerto, y mi bonsai ¡hasta ha florecido! ¡Viva la primavera!


Izquierda: mi área plantística, están todas ahí porque es la zona más iluminada de mi casa.
Derecha: la poinsetia, viva y roja.



Izquierda: así estaba el bonsai a día 4 de enero. Todo y ser de hoja perenne, se le empezaron a caer todas y me cagué. Esperanzada, le podé algunas ramas y esperé, a ver que pasaba.
Derecha: así está a día de hoy. Todo y ser gitano (investigué y resulta que es de la especie Carmona), lo he bautizado como Hatori Hanzo (Hato para los amigos)


¡Las florecillas! ¿Se puede ser más majo? ^^

jueves, 17 de marzo de 2011

¿De dónde ha salido esto?

En un momento en que estaba poniendo en orden los enseres tras hacer unas pruebas de tinte para la madera (¡es la caña!), he encontrado esto en el salón:

martes, 8 de marzo de 2011

Trillizos

Tras mis últimos procedimientos en el maravilloso y fascinante mundo de la restauración de muebles, he llegado a la conclusión de que ya estoy preparada para ser madre. No estoy hablando poética ni sentimentalmente. No. Estoy hablando desde el dolor, el sufrimiento y las palabrotas. En el último mes he sufrido más de un parto (literalmente) a la hora de tener que hacer ciertos remiendos en mis pacientes que dan más faena que traer trillizos a este mundo.


Parto Nº 1: La mesa de coser

La mesa tenía unos desperfectos en la chapa, con lo que retiré algunos trocitos para sustituirla por chapa nueva. Como no tenía chapa y estoy en el paro y no puedo estar gastando en chapas y tontadas, cogí un taco de madera (que conseguí para hacer una cosa que cuento luego) y confeccioné chapitas con ayuda de una serreta. Trabajo de chinos.





Luego había que encolarlas en las zonas dispuestas y dejar secar. Una vez seco, lijar hasta que quede enrasado con el resto de la superficie.





Que dicho todo así suena muy pim pam, pero de pim pam nada.



Parto Nº2: La puta silla de los cojones

A esta silla a la que adoraba ahora la odio un poco.
La silla tenía la parte superior de los reposabrazos rota: había que serrar para sacar la parte rota, fabricar piezas nuevas (ojo a este punto) para sustituirlas y, por si esto fuera poco, desencolar completamente la silla para volver a encolarla bien.

Sólo el desencolar la silla ya fue una odisea, aquello no lo desencolaba ni su padre. El tema es inyectar agua caliente en las juntas con una jeringa, de esta manera la cola blanca se disuelve y (en teoría) se desencola el tema. Tras acabar con la silla encima del fregadero de la cocina y la jeringa a chorrazo vivo y ver que no había manera, opté por el destornillador y el martillo.
Una vez desmontada la silla (por mis cojones), había que serrar la zona rota de los brazos y fabricar una pieza que la sustituyera. Habemus movida.

Como no tenía madera en casa, fui a un carpintero que hay aquí en el barrio y le pregunte si tenía un retal de cualquier madera que me pudiera dar. Me entregó un taco y le di dos euros para el café (y pena creo que también).

Serrar un taco de nueve centímetros cúbicos es una putada muy grande. Tengo un serrucho que soy incapaz de utilizar, me parece que no tengo fuerza suficiente, así que debí hacerlo todo con una serreta de esas de marquetería, con lo cual para hacer esto tardé lo que no está escrito:




Y luego, cuando le fui a hacer el agujero con el taladro para poder unir la pieza con el respaldo, va y me la cargo (un poquito). Así que tuve que confeccionar oootra piececita para tapar el agujero, porque lo que estaba claro era que no iba a empezar otra vez de cero. Su puta madre. Hice un apaño (en eso soy experta), esto por aquí, esto por allá y al final hasta da el pego:



(Este parto fue el más jodido. Aquí no he escrito ni la mitad de palabras malsonantes que salieron por mi boca durante este proceso)



Parto Nº 3: El perchero

El perchero ha sido un parto complejo desde un principio, así que como ya sabía de qué iba el tema, al final lo he sabido llevar con más calma: el desafío era confeccionar una pieza que faltaba en uno de los brazos del perchero.


(foto de archivo)

Hacer eso debe ser más sencillo si eres el tío de Bricogarden, o como se llame, el vasco ese que tiene un taller hasta arriba de herramientas, y de blacandequers y con una mesa de carpintero enorme y todo ese rollo. No es mi caso. Yo tengo un escritorio de 90 x 50 y alguna herramienta que otra (lo que sí tengo es una pedazo de caja de herramientas de tres pisos que me regalaron para mi cumple ^^).

El tema era complicado, pero fui haciendo chino chano:






La pieza ha quedado algo amorfa (a mí me gusta llamarlo artesanía), pero se parece bastante a las demás.




En fin, que tres partos, oiga. ¡Tres partos!

Por cierto, mi caja de herramientas:



viernes, 4 de marzo de 2011

Momento decisivo

A toda persona le llega el momento crucial en que la necesidad de cambiar algo de su vida se vuelve primordial. La necesidad de mover ficha.
Ese día, después de tanto tiempo, ha llegado: he decidido reorganizar la estantería del pasillo (la anteriormente conocida como "estantería fea del pasillo").

La estantería fea del pasillo era de color marrón feo (por eso lo de fea), de ese material de antes que la madera parece plástico. Ocupa como tres metros de largo (mi pasillo hace L y la estantería ocupa la mitad de uno de los brazos) y llega casi hasta el techo (tengo unos 2'70m. de altura <-- esto me ha quedado de la profesión). Bueno, era fea de cojones y la tenía que daba miedo, así que hace ya un tiempo decidí pintarla en un tono marfil, y en lugar de usarla como estantería la uso como "expositor" de fotos. Todo y eso, estaba como inutilizada; a excepción de la parte central, a la cual le "adapté" <-- Chapuzas Pecosa S.L. - unas puertas que tenía por ahí de un armario de Ikea, y en las que cuelgo mis postales (esta parte central cerrada con puertas hace de alacena). En definitiva, le faltaba "algo". Por cosas que ahora no vienen a cuento, hoy he ido a coger uno de los libros que tenía en el despachito junto a las plantas, dónde toca el sol por la mañana, y al sacarlo he visto que se había decolorado por las zonas que quedaban a la vista. "¡Hostias! ¡Del sol, qué tonta!", pienso enseguida. En su día los puse ahí porque quedaban bonitos, pero no pensé en que el sol podía dañarlos porque tampoco es que le dé muchas horas al día. Había que cambiar los libros de sitio. La mayoría estaban bien. El más dañado resultó ser ése que había ido a consultar, pero como era un libro de autoayuda que me regalaron y que jamás me interesó leer, no me ha importado tanto. Y todo esto que parece tan enrevesado pero que es la mar de sencillo es lo que ha desencadenado que haya tomado la decisión de que los libros se tienen que ir al pasillo: un lugar fresco y seco, sin cambios bruscos de temperatura y dónde no da (ni pizca) el sol. Y la conclusión es que la estantería ha ganado. No diré que bastante, pero le ha dado un poco más de calidez a mi Pasillo Tenebroso®

Y como ahora estoy en plan "sacar fotos" (¡¡no entiendo lo del obturadooor!!), pues le he sacado una foto:
La de la foto de arriba soy yo metida en un zueco gigante en Ámsterdam

jueves, 17 de febrero de 2011

miércoles, 22 de diciembre de 2010

¡Por fin!

Adelanto desde ya que no me ha tocado una mierda en la Lotería de Navidad.

En cualquier caso estoy contenta porque he estado haciendo bricolaje casero mientras escuchaba a los niños cantar.

Desde hace años deseaba tener un mapa mundi enorme colgado de la pared. Hace un par de meses, para amenizar el viaje en tren, me compré la National Geographic, que hacía años que no leía. En el interior de ésta venía un desplegable de las grandes migraciones animales. Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que en reverso había un mapa del mundo precioso. ¡Por fin un mapa del Mundo! ¡Y de la National!

Así que me ha faltado poco para comprar un marco (cristal con perfil de aluminio, 100 x 80, 15€ en el Ikea). Como el marco no llevaba paspartú y quedaba algo frío, me he pasado por el chino (¡soluciones para todo!) y he comprado algo para hacer un apañillo (de estas chapucillas mías que me encantan):

¡Papel adhesivo imitando a la madera!


Así que esto por aquí, esto por allá, recorto aquí, retoco allá (he tenido que recurrir a los rotuladores Carioca para disimular alguna junta y tal), y...

¡Aquí está! ¿No es la mar de bonito?



No sabéis la categoría que le da al salón. ¡Y por cuatro duros! ¡Bieeeeen!