miércoles, 5 de noviembre de 2008

Marque A, B, C o D

Buscando información sobre la ciclotimia, he dado con unos tests psicológicos y, como me aburría, he hecho alguno. Con ellos he descubierto que:

  • Puede ser que tenga un trastorno bipolar del tipo II (y me recomiendan un psicólogo)
  • No soy una persona que se preocupe excesivamente de las cosas
  • Tengo una emocionalidad dura, práctica y desapasionada; que posiblemente sea una máscara de cara a los demás
  • No estoy del todo satisfecha con mi vida
  • Tengo un déficit moderado de atención (y me recomiendan un psicólogo)
  • Soy una inconformista y una rebelde social, a la que no le importa ser apartada de un grupo
  • No estoy particularmente interesada en moverme hacia el futuro al ritmo al que nuestra sociedad avanza
  • Aunque en ocasiones puedo quebrantar la ley, no soy una criminal en potencia

Cosa que demuestra que de poco sirven esos tests: la mayoría de cosas, ya las sabía.

martes, 4 de noviembre de 2008

Gracias a Dios, salimos en la tele...

¿Desde cuando la iglesia se anuncia en la tele?

Acabo de ver un anuncio en plan la-iglesia-está-presente-en-mi-vida.

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Ojo al eslógan: "hay tantos que necesitan tanto...". El anuncio es del Programa para el Sostenimiento Económico de la Iglesia.

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Si hay tantos que necesitan tanto, ¿por qué, en lugar de sostener la iglesia y todo eso, venden los anillos y coronas de oro y pedruscones y togas de telas carísimas del Papa? ¿Por qué no inventarian todas las "humildes pertenencias" que tiene la iglesia en el Vaticano, por ejemplo, para ver si eso les da para algo?

lunes, 3 de noviembre de 2008

De mayor quiero ser Alice Gould

Y es que no es para menos. Su inteligencia, elegancia, encanto personal y, porqué no decirlo, extravagancia han hecho de ella mi personaje literario femenino favorito.

Hablo del libro Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena, que me prestaron hace poco; diciéndome que era un libro genial. No me engañaron. Es un libro alucinante.

La historia se desarrolla en un manicomio, desde el momento en que Alice Gould,señora de Almenara, ingresa en él. Ella dice ser una detective privada que está allí para investigar un crimen. Lo que dice su historial tiene poco que ver con su versión: se trata de una mujer obsesionada con asesinar mediante envenenamiento a su marido, y poseedora de una cualidad que la hace peligrosísima: su gran capacidad para mentir, y hacer creer a los demás sus mentiras dada la gran inteligencia que posee. E incluso, una vez descubierto su embuste, argumentar porqué mintió en su día y dar una explicación de lo más razonable; haciendo dudar a los demás de si era entoces o ahora cuando miente.

La compleja, y sobretodo, encantadora persona y personalidad de Alice Gould se descubre entre locos de todos los calibres: fóbicos al agua, falsos mutistas y ciegos voluntarios, niños que imitan enfermizamente todo cuanto ven, hombres que mantienen la postura en la que los dejas (como si fuera un muñeco articulable), onanistas obsesivas... Una retahíla de personajes de lo más variopinto, incluyendo en ellos el personal médico (que también los hay para todos los gustos).

Un libro que lo vuelve a uno loco (nunca mejor dicho) y dudoso de creer si Alicia es o no una demente. Además de la gran labor del autor (que se internó en un manicomio para estudiar los comportamientos de los enfermos y escribir su libro, en el que plasmó algunas de las experiencias vividas) de hacernos ver lo que pasa desde la mente de sus distintos personajes: a veces desde el pensamiento de Alice Gould, otras desde la mente del Director del centro... Cosa que aumenta nuestra confusión, impidiéndonos sacar conclusión alguna.

Me quedo con: Rómulo y la "Niña Oscilante" (dos niños que tocan el alma), el Dr. César Arellano e Ignacio Urquieta (doctor y enfermo, respectivamente; inevitable enamorarse de ellos), "el Autor de la Teoría de los Nueve Universos" (otro enfermo, de los que están más allá que acá, pero un amor); y, como ya he dicho antes, Alice Gould, "La rubia", "la Almenara", "la detective".

Hala, todos a leer.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Te quiero, te pego

Esta mañana, Ratman dormía. Yo leía en el salón, cuyo tabique colinda con el piso de al lado al que recientemente se ha mudado una pareja.

Ratman ya me había comentado que los vecinos se peleaban a menudo, y no sólo a gritos. Bien, hoy he tenido la oportunidad de comprobarlo. Golpes, insultos, gritos, niños llorando... Tras tres horas de espectáculo en vivo y en directo, la poli. En fin. Un sábado por la mañana de lo más encantador.

Lo más sorprendente es que ella, con toda la tranquilidad del mundo, sin un ápice de alteración o miedo en su voz, lo llamaba loco, o decía a la vecina cuando ésta le ha preguntado, que no pasaba nada. Lo mismo con la policía.

A mi parecer, y con lo poco que conozco de estos casos (porqué por suerte, ni los he vivido, ni los he tenido cerca), me voy a atrever a hacer una observación; siempre bajo mi conocimiento y punto de vista (puedo estar o no equivocada). La víctima de los malos tratos tiene dos opciones: denunciar o no denunciar. Dentro de las que no denuncian, yo veo dos subgrupos (que no quiere decir que no haya más):

a) la víctima que vive bajo el miedo, pero que desea denunciar
b) la víctima que asume esa forma de vida como la normal, y la acepta, encubriendo y justificando muchas veces al maltratador.

(En el segundo grupo se podría incluir al mediático caso Neira, en el que la víctima de los malos tratos de su pareja, no satisfecha con no denunciar al agresor y defenderle; se paseó, con toda su caradura y previo pago, por supuesto; por varios platós de televisión.)

Pues a eso me refiero. No digo, ni mucho menos, que la violencia esté justificada. EN NINGÚN CASO LO ESTÁ. Sólo digo que parece que haya gente que le guste vivir así, porqué ni hacen nada al respecto, ni aceptan ayuda, ni agradecen a los que les puedan salvar la vida en un momento dado.

Mientras estoy escribiendo esto, sigo oyendo discusiones al otro lado del tabique. Parece que hay gente que le encanta vivir así. Cada uno sabrá. Qué triste.

Mi casa: vida y milagros (Episodio 2)

De lo que es el piso ahora a lo que era entonces, ha llovido mucho...


Como no teníamos sofá, lo montamos con unos palés sobre el que pusimos dos colchones individuales. Quedó tipo chaise longue, pero a lo cutre. MUY a lo cutre. Luego, el chaise-longue-versión-chapuza pasó a ser sustituido por el sofá-más-barato-de-ikea. Era lo que había...


Por otro lado, la nevera que teníamos debía ser de la época de Franco como mínimo. Eso sí: funcionaba de perlas, que ya se sabe que antes las cosas se hacían para que duraran, no como ahora.

No teníamos ningún tipo de cortina, así que nuestra casa era como un Gran Hermano, cosa que nunca nos preocupó...

Las paredes del piso hacía siglos que no las pintaba nadie. Así que mi padre nos echó un cable y nos pintó las habitaciones, el pasillo, el baño. Una vez más, un solete.
Pero, claro, el comedor no se pintó porqué era un follón. Así que se quedó tal cual estaba. Imaginaos: el gotelé ese feo ennegrecido (porqué era más gris que blanco), los palés con los colchones por el suelo, una estantería que había altísima, que la tumbamos en horizontal en plan "mueblecito bajo" ( ¡¡O_O!! ) y la decoración comprada en el chino. Además, la luz del salón era fluorescente, como la de la cocina. El conjunto era penoso. Cero calidez. Cero hogar.

Por suerte, con el tiempo y un curso de interiorismo (y madurar, que hace mucho), tras la marcha de mi compañera de piso, estuve unos meses sola en el piso e hice algunos cambios... Hoy el piso parece otro.