En mi pequeño mundo (el que no va más allá de mí misma) los naipes me hacen de punto de libro.
Mi bonsai crece de forma indómita. Tiene las hojas demasiado grandes para ser un bonsai, pero a mí me parece más bonito así.
En mis días nublados suena la bossa nova, y me pongo el camisón del revés. Lavo los platos antes de tomarme el café, y al café le pongo azúcar de más.
Desde mi pequeño mundo imagino paisajes inhóspitos, con carreteras de arena interminables, coches clásicos y fotografías en blanco y negro.
¿Hoy es un viernes diferente o me lo parece a mí?
viernes, 7 de octubre de 2011
martes, 27 de septiembre de 2011
Mirar a los ojos
- Te escudas en desviar la mirada para eludir tu timidez.
El profesor no me conocía de nada. Era la primera vez que me veía, de hecho era la primera vez que le hablaba. Pero dio en el clavo.
Esta semana hemos empezado las clases de comunicación, en las que trabajamos sobretodo la no-verbal (que no es la de meter mano ni nada por el estilo, por desgracia). Nunca me había sentido tan analizada por alguien. Ésa era la finalidad, claro, que te analicen. Pero no es muy agradable, porque sabes que la vas a cagar.
Ponerte delante de veinte personas a hablar de ti ya de por sí intimida bastante, pero si encima tienes a una persona controlando cada gesto, cada tic lingüístico, cada mínima exteriorización de nervios; la presión es absoluta.
- Lo primero que has hecho al ponerte de pie ha sido rascarte el brazo, señal inequívoca de que estabas nerviosa.
Efectivamente. Habitualmente me pica todo (la nariz, el ojo, la pierna, otra vez la nariz...), así que cuando estoy nerviosa ya es la pera limonera. Yo no necesito exfoliantes.
- Has ladeado el cuerpo en un intento de autoprotegerte, de buscar un refugio.
Coño con el tío.
- Además, en lugar de mirarme a mí o a tus compañeros con seguridad, miras al techo, luego me miras a mí, luego miras la ventana, luego me miras a mí... Debes aprender a mantener la mirada con las personas a las que estás hablando.
Hijo de su madre. Ahí me ha dado en un punto débil que no he conseguido dominar jamás. Cuando estoy nerviosa o no quiero perder la concentración disperso la mirada. No lo puedo evitar.
Pasado mañana tengo que dar un breve discurso de unos cinco minutos, y el viernes, presentar un power point. Así, pim pam, sin apenas tiempo a asimilarlo. Dicho de otra manera, tengo 48 horas para aprender a mirar a los ojos de la gente y perder la vergüenza. Con lo cual:
Opción 1: puedo optar por ir sin gafas ni lentillas.
VENTAJA: como no veré a la gente, no me supondrá un problema mirar a la gente.
INCONVENIENTE: Con cuatro dioptrías y medio, por muy grande que sea la pantalla donde se proyecta el power point, no veré un pijo.
Opción 2: colgar un cartel en el ascensor de mi bloque citando a los vecinos mañana a las 21h. en la escalera para hablarles del microcemento decorativo.
VENTAJA: como vengan todos los vecinos, pierdo el miedo escénico por cojones.
INCONVENIENTE: es más que probable que sólo vengan mi hermana y el vecino de al lado, dejemos la conferencia para otro día y nos vayamos a tomar una caña.
Opción 3: irme a Plaça Catalunya a hablar del microcemento decorativo.
VENTAJA: como hay tanto guiri y borracho por allí, el nivel de exigencia del auditorio no será demasiado elevado.
INCONVENIENTE: corro el peligro de ser devorada por las palomas (son unas muertas de hambre) o detenida por los Mossos (cualquier excusa vale después del 15M).
Opción 4: me pongo mala.
...
Yo creo que va a ser ésta.
El profesor no me conocía de nada. Era la primera vez que me veía, de hecho era la primera vez que le hablaba. Pero dio en el clavo.
Esta semana hemos empezado las clases de comunicación, en las que trabajamos sobretodo la no-verbal (que no es la de meter mano ni nada por el estilo, por desgracia). Nunca me había sentido tan analizada por alguien. Ésa era la finalidad, claro, que te analicen. Pero no es muy agradable, porque sabes que la vas a cagar.
Ponerte delante de veinte personas a hablar de ti ya de por sí intimida bastante, pero si encima tienes a una persona controlando cada gesto, cada tic lingüístico, cada mínima exteriorización de nervios; la presión es absoluta.
- Lo primero que has hecho al ponerte de pie ha sido rascarte el brazo, señal inequívoca de que estabas nerviosa.
Efectivamente. Habitualmente me pica todo (la nariz, el ojo, la pierna, otra vez la nariz...), así que cuando estoy nerviosa ya es la pera limonera. Yo no necesito exfoliantes.
- Has ladeado el cuerpo en un intento de autoprotegerte, de buscar un refugio.
Coño con el tío.
- Además, en lugar de mirarme a mí o a tus compañeros con seguridad, miras al techo, luego me miras a mí, luego miras la ventana, luego me miras a mí... Debes aprender a mantener la mirada con las personas a las que estás hablando.
Hijo de su madre. Ahí me ha dado en un punto débil que no he conseguido dominar jamás. Cuando estoy nerviosa o no quiero perder la concentración disperso la mirada. No lo puedo evitar.
Pasado mañana tengo que dar un breve discurso de unos cinco minutos, y el viernes, presentar un power point. Así, pim pam, sin apenas tiempo a asimilarlo. Dicho de otra manera, tengo 48 horas para aprender a mirar a los ojos de la gente y perder la vergüenza. Con lo cual:
Opción 1: puedo optar por ir sin gafas ni lentillas.
VENTAJA: como no veré a la gente, no me supondrá un problema mirar a la gente.
INCONVENIENTE: Con cuatro dioptrías y medio, por muy grande que sea la pantalla donde se proyecta el power point, no veré un pijo.
Opción 2: colgar un cartel en el ascensor de mi bloque citando a los vecinos mañana a las 21h. en la escalera para hablarles del microcemento decorativo.
VENTAJA: como vengan todos los vecinos, pierdo el miedo escénico por cojones.
INCONVENIENTE: es más que probable que sólo vengan mi hermana y el vecino de al lado, dejemos la conferencia para otro día y nos vayamos a tomar una caña.
Opción 3: irme a Plaça Catalunya a hablar del microcemento decorativo.
VENTAJA: como hay tanto guiri y borracho por allí, el nivel de exigencia del auditorio no será demasiado elevado.
INCONVENIENTE: corro el peligro de ser devorada por las palomas (son unas muertas de hambre) o detenida por los Mossos (cualquier excusa vale después del 15M).
Opción 4: me pongo mala.
...
Yo creo que va a ser ésta.
jueves, 22 de septiembre de 2011
¿A qué número estoy llamando?
Suena el teléfono en casa de mi abuela.
TIRORIRORI TIRORIRORI...
LA YAYA: ¿Diga?
EL OTRO: Hola, ¿está Margarita?
LA YAYA: ¿Margarita? Nooo, se equivoca usted.
EL OTRO: Vaya... ¿a qué número estoy llamando?
LA YAYA: Al 16 bis.
Ay, de verdad, si es que me la tendría que llevar al club de la comedia.
TIRORIRORI TIRORIRORI...
LA YAYA: ¿Diga?
EL OTRO: Hola, ¿está Margarita?
LA YAYA: ¿Margarita? Nooo, se equivoca usted.
EL OTRO: Vaya... ¿a qué número estoy llamando?
LA YAYA: Al 16 bis.
Ay, de verdad, si es que me la tendría que llevar al club de la comedia.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Mi sábado por la tarde
Hoy he dedicado la tarde a hacer jardinería.
Hace tiempo me compré dos potus para casa, pero uno de ellos se me cayó por la ventana y se estrelló contra la terraza de la vecina del bajo. La planta aguantó el accidente y no murió (¡estas plantas no mueren nunca!), pero tras el trasplante no acabó de agarrar bien.
He decidido traérmela a casa de Ratman, donde tiene unas macetas en el balcón de esas de obra, y plantarla aquí, a ver si los nuevos aires le van bien.
Este ha sido el resultado:
A ver qué pasa.
De paso también diré que tenemos una albahaca en proceso (bueno, dos albahacas, pero la otra no acaba de crecer). Así está tras cuatro semanas desde la germinación (la otra es ésa pachucha que se ve al fondo):


Qué ganas de comerme un plato de pasta con tomate maduro rallado y hojas de albahaca frescas. Ah, y aceite de oliva.
No he podido resistirme a plantar un par de semillas más, a ver si agarran.
Como bonus track aquí os dejo con una foto de los que me han hecho compañía durante la tarde: el Chicho (izquierda, negro, tres años de edad -creo-, y rompebolas por excelencia) y la Tuni (derecha, pureta de... no sé, diez años o así; malhumorada, está en tratamiento por estrés -tócate los cojones, con la gata-):
Hace tiempo me compré dos potus para casa, pero uno de ellos se me cayó por la ventana y se estrelló contra la terraza de la vecina del bajo. La planta aguantó el accidente y no murió (¡estas plantas no mueren nunca!), pero tras el trasplante no acabó de agarrar bien.
He decidido traérmela a casa de Ratman, donde tiene unas macetas en el balcón de esas de obra, y plantarla aquí, a ver si los nuevos aires le van bien.
Este ha sido el resultado:
A ver qué pasa.
De paso también diré que tenemos una albahaca en proceso (bueno, dos albahacas, pero la otra no acaba de crecer). Así está tras cuatro semanas desde la germinación (la otra es ésa pachucha que se ve al fondo):
Qué ganas de comerme un plato de pasta con tomate maduro rallado y hojas de albahaca frescas. Ah, y aceite de oliva.
No he podido resistirme a plantar un par de semillas más, a ver si agarran.
Como bonus track aquí os dejo con una foto de los que me han hecho compañía durante la tarde: el Chicho (izquierda, negro, tres años de edad -creo-, y rompebolas por excelencia) y la Tuni (derecha, pureta de... no sé, diez años o así; malhumorada, está en tratamiento por estrés -tócate los cojones, con la gata-):
Cultivo:
Cosecha casera,
Cosecha dulce,
Cosecha perfecta,
Cosecha propia
jueves, 15 de septiembre de 2011
¿Café?
El escocés con jarras en lugar de pies consiguió un trabajo como camarero en una cafetería.
- ¿Café?
- Sí, por favor.
Y levantaba la jarra derecha.
Con el tiempo, la clientela empezó a consumir más cortados que cafés solos.
- ¿Café?
- Sí, con leche, si puede ser - amplia sonrisa.
Levantaba la jarra derecha. Después la izquierda. Y la clienta se iba a trabajar más contenta que unas castañuelas.
Evidentemente, le subieron el sueldo en menos de lo que canta un gallo.
- ¿Café?
- Sí, por favor.
Y levantaba la jarra derecha.
Con el tiempo, la clientela empezó a consumir más cortados que cafés solos.
- ¿Café?
- Sí, con leche, si puede ser - amplia sonrisa.
Levantaba la jarra derecha. Después la izquierda. Y la clienta se iba a trabajar más contenta que unas castañuelas.
Evidentemente, le subieron el sueldo en menos de lo que canta un gallo.
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